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De ahí se bajó el diablo…

La historia narrada a continuación puede ser corroborada por lo menos con quince testigos, aun así no es el objetivo del presente artículo ahondar en detalle con sus nombres, fechas y registro de aeronave.  Como referencia, vale la pena recordar que nuestro país posee un legajo cultural muy rico en cuanto a creencias se refiere, sumado al hecho que una buena parte de la población hemos crecido con una fuerte influencia de la sencillez de la vida en el campo, ya sea directamente al vivir fuera de la ciudad o indirectamente a través de nuestros amigos, padres y abuelos.  Siendo éste el motivo por el cual las explicaciones sobrenaturales de algún acontecimiento perduran a través de los años, en lugar de la explicación lógica del porque pasan las cosas. (Te invitamos a leer: http://flotilla-aerea.com/2015/01/18/supersticiones-y-amuletos/).

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Imagen 1. B-412 FAS 252, 10ENE2010, (Miguel Castillo).

Solamente voy a decir que todo ocurrió en una tarde, durante los meses de invierno en que los días comienzan a ser más cortos y las noches más largas, hace más de diez años.  Éramos tres personas, las que platicábamos de una forma bastante amena después de haber finalizado la jornada de vuelos vespertina y no había motivo aparente para alejarnos de la rampa, que estaba llena de ruido de motores y una mezcla de olor a AV-GAS y AV-JET. Repentinamente y sin razón dejamos de hablar para dedicarnos a observar que un helicóptero Bell 412 finalizaba un vuelo de instrucción y se disponía a maniobrar a la posición en donde aterrizaría a apagaría motores. En un abrir y cerrar de ojos pudimos apreciar un movimiento inusual de personal: por un lado, vimos correr a dos enfermeros, por otro lado un supervisor avanzaba a paso veloz hacia el señalero del helicóptero (quien al final les dio instrucciones a los pilotos de no apagar la aeronave) y por último un vehículo de emergencias que ingresaba a la rampa.

No podría decir a ciencia cierta cuando comenzamos a caminar detrás del automotor de emergencia, lo que sí puedo decir, es que nunca antes había visto lo que estábamos a punto de presenciar.  Dentro del vehículo se encontraba un adolescente, con un sonrojamiento de su piel y sus ojos, asimismo una sudoración excesiva en todo el cuerpo, al mismo tiempo que tres adultos trataban de contener los movimientos casi compulsivos en todas sus extremidades.  Hizo falta nuestra ayuda, para poder trasladarlo del vehículo hacia el helicóptero, estando muy atento uno de los enfermeros para que no se fuera a ahogar con su propia lengua.  No voy a repetir lo que el muchacho gritaba cada vez que podía, aunque estoy seguro que solamente he escuchado frases similares en un par de películas de terror.

Imagen 2. Afiche de la película El Exorcista I (libre circulación en internet).

Una vez asegurado, el crew chief (jefe de máquina) del helicóptero hizo el conteo del personal a bordo, los organizó de tal manera de no afectar el peso y balance y ordenó el cierre de las compuertas para iniciar el viaje hacia el hospital, con nueve almas a bordo.

Después de la conmoción inicial, nos quedamos en la rampa hasta después del crepúsculo náutico, esperando el retorno del helicóptero y sus ocupantes.  Ya entrada la noche, supimos que durante el vuelo, el comportamiento del joven fue igual al que mostró antes de abordar, pero que una vez en tierra (sobre el helipad del hospital) no hubo necesidad de sujetarlo, que ya repentinamente se calmó y permaneció en silencio; asimismo que una vez ingresado al nosocomio se encontró estable y sosiego a la espera de sus familiares.  La sorpresa fue que cuando la aeronave despegó, para retornar a su base, algunas láminas del paqueo techado colapsaron, dañando el capó de un vehículo estacionado. Dada la condición en la que el joven había sido transportado (y que era del conocimiento del personal médico que lo esperaba), no falto más de un testigo en tierra que proporcionara una conjetura sobrenatural que explicara la causa del daño: “Se escuchó un ruido muy fuerte y el diablo saltó del helicóptero cayendo en ese lugar,”; rumor que corrió como agua derramada y que hizo que más de una persona visitara la capilla esa misma noche.

Imagen 3. Zona del parqueo techado posterior a su reparación, 20JUL2011 (B7).

Es oportuno y necesario mencionar que en la aerodinámica del helicóptero existe un fenómeno llamado “Downwash” que es el flujo de aire generado por el rotor principal directamente hacia abajo del aparato si se encuentra en vuelo estacionario (hover) y que tiene una componente perpendicular hacia atrás, cuando el helicóptero se desplaza hacia adelante.  Se debe considerar también, que el Downwash del B-412 es mucho mayor que el de un UH-1H, que es la aeronave que comúnmente aterriza en ese helipad y que por tanto la instalación del techo en el parqueo ya ha sido puesta a prueba en las numerosas ocasiones en que un Huey ha sobrevolado la zona, sin infringir daño alguno.

Imagen 4. Helicopter Downwash, JTSB NOV2018.

Mientras más grande y pesado sea el aparato, mayor será el Downwash producido, tal como ocurrió con el tejado de las casas que se encuentran en la senda de aproximación del helipad, hace un par de años atrás, cuando un helicóptero tipo UH-60 del US ARMY tuvo que evacuar de emergencia a un marine hacia el Hospital Militar Central.

Imagen 5. Daño causado por el Downwash de un B-412 cerca de la 6ºBI, El Blog OCT2018 (Link anexo).

http://elblog.com/inicio/video-captan-el-momento-en-que-helicoptero-en-que-viajaba-munguia-payes-levanta-el-techo-de-vivienda/

Con respecto al muchacho, pues se determinó que estaba pasando por un período de depresión provocado por problemas en su hogar y dificultades propias de la adolescencia sumado a que no tenía tratamiento sicológico alguno, lo que desarrolló un tipo de esquizofrenia, delirio místico o algo por el estilo, diagnóstico que se mantiene con la reserva del caso.

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Como se ha dicho en otras ocasiones, muchas veces la explicación sobrenatural es la más fácil de aceptar, pero en el ámbito de la aviación se hace necesario determinar todos los factores que influyen en una cadena de eventos, para encontrar una explicación lógica y comprobable a cada situación.  Eso sí, después de lo que vi en aquella tarde de invierno hace más de diez años, no bajo de mi bolsa de vuelo el ritual de exorcismo romano, tres estacas de madera, dos cabezas de ajo y seis balas de plata._

B7.

 

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