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Historias y misterios.

Halloween, conocido también como la “Noche de Brujas”, es una festividad que se celebra principalmente en los Estados Unidos y Canadá y que por efecto comercial, poco a poco va siendo adoptada en Latinoamérica; se celebra en la noche del 31 de octubre.

Entre las actividades típicas de Halloween está el recorrido que los niños hacen en las casas de su vecindario disfrazados, pidiendo golosinas con la frase “dulce o truco”. Para los mayores, predominan las fiestas de disfraces, la visita a “lugares encantados”, el cine de terror y la narración de historias de miedo. Son las tres últimas actividades las que generan cierto tipo de morbo en el ser humano.  Quizá por la proximidad a la celebración del “Día de los difuntos” o simplemente por el gusto de las personas hacia lo sobrenatural (Te invitamos a leer: http://flotilla-aerea.com/2015/01/18/supersticiones-y-amuletos/).

En todo rincón del globo, las sociedades cuentan con historias de índole misterioso con un toque del “más allá” y si ponemos como ejemplo nuestro país: cada ciudad, villa, pueblo tiene sus propios relatos, ya no digamos cada profesión.  Historias de miedo se cuentan en los pasillos de los hospitales, en los corredores de colegios, pasillos de viejas haciendas, en el atrio de antiguas iglesias… El aeropuerto no es la excepción.

La aviación nacional no está exenta de historias de “miedo” y en la ardua labor investigativa tuvimos que poner todo el esfuerzo para buscarle respuesta lógica a algunos cuantos relatos que llegaron a la “Unidad de Fenómenos Paranormales (UFP)” de flotilla-aérea… “The true is there”.

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Alguien nos mira…

Imagen 1. Terminal de Ilopango c. 1949 (archivos FAS).

 El actual edificio del Museo Nacional de la Aviación es una estructura antigua con una gran influencia neocolonial diseñada por el arquitecto salvadoreño Armando Sol Estévez; su construcción inició a mediados de la década de los 40’s siendo finalmente inaugurado como la terminal aérea el 22 de octubre de 1949.  A pesar de haber recibido algunas mejoras y ampliaciones en 1964, aún conserva su forma original.  Puertas selladas, túneles clausurados, gradas sin acceso y curiosamente al centro de la sala principal se encuentra un punto geodésico nacional (parte de la red de referencia salvadoreña) y es el mejor lugar para apreciar las peculiares características acústicas del lugar.

Visitar el museo de noche, genera una sensación tan solemne casi como estar dentro de un templo, sus grandes salones, pinturas en sus paredes, el gran disco zodiacal en la cúpula, piezas históricas de mucha antigüedad y el “Salón de Uniformes”.  Todo el vestuario expuesto en maniquíes de esta sala perteneció, en su momento, a aviadores que fallecieron muchos años atrás; por tanto la solemnidad de la habitación, sumado al silencio y la tenue iluminación hacen volar la imaginación de los visitantes, creando la sensación de que no están solos y de que alguien los observa.  Este evento se puede percibir más fácilmente durante la noche, después de la puesta de sol.

Vale decir que muchas de las personas que han percibido tal sensación, posiblemente han experimentado de un caso leve de escopaestesia, que es un supuesto fenómeno paranormal que afirma que los seres humanos somos capaces de detectar si alguien nos está mirando de forma extrasensorial.

La Ouija…

Imagen 2. Tablero ouija (Imagen representativa).

La ouija es un tablero de madera u otro material que tiene dibujado el alfabeto, números y otras palabras con el que supuestamente se puede establecer contacto con espíritus del más allá.

Sucedió hace ya bastantes años, cuando unos alumnos de la Escuela Técnica de Aviación Militar aprovecharon sus habilidades desarrolladas en las clases de dibujo técnico para elaborar de forma muy detallada una “ouija” con estilógrafo y papel vegetal.  Lo curioso del caso sucedió después, cuando el juego de la “ouija” empezó a ser mal visto, debido en parte por la distracción que generaba en las actividades diarias, en la incomodidad de algunos por jugar con “lo oculto” y por ciertos eventos inexplicables que empezaron a suceder.  El tablero fue decomisado y destruido (cortado en pedazos) y poco a poco todo volvió a la normalidad.  Pasaron siete días hasta que el demoníaco tablero apareció nuevamente escondido dentro del cielo falso, durante una jornada de limpieza en las cuadras (dormitorios).  Como fuego en pólvora corrieron los rumores de que el “el juego prohibido” había reaparecido.  Fue quemado, justo después de que un sacerdote bendijo los dormitorios.

La verdad es que la “ouija” no era indestructible, ni reapareció.  Años después se supo que el artista había dibujado otro tablero en reemplazo de su antecesor y que para evitar que fuese destruido nuevamente, optó por esconderlo en el cielo falso hasta salir de licencia el fin de semana.

Si bien es cierto que el tablero descubierto en el cielo falso fue destruido, los pedazos de la primer ouija no fueron encontrados.

En la oscuridad…

Imagen 3. Silueta humana (Imagen representativa).

Esta historia es contemporánea a la ouija y forma parte de los eventos “inexplicables” en los dormitorios y sus alrededores.

El “imaginaria” es el encargado del servicio nocturno en la cuadra de las Unidades Militares, sus funciones duran por lo general dos horas y entre sus obligaciones está el vigilar el reposo de sus compañeros, anotar cualquier acontecimiento e informar inmediatamente de cualquier anormalidad.  La hora más pesada para hacer la imaginaria es de 0100 – 0300 horas.

Sucedió por varios días, en que el imaginaria corría alarmado por divisar fuera de la cuadra (dormitorio) sombras robustas que parecían flotar o que de manera repentina aparecían en los rincones e inclusive acostados en los camarotes.  Asimismo, causaba sobresalto que de manera repentina se activaban simultáneamente todas las duchas y de la misma manera el agua dejaba de fluir.  No faltó quien adujera que estos fenómenos eran el resultado de haber invocado seres de otra dimensión a través del ouija recién destruida.

Todo se aclaró cuando la “ronda” descubrió a un grupo de bromistas que se levantaba de madrugada, evadía al imaginaria y luego se dedicaba a colocar de manera ruin y engañosa a los muñecos utilizados para desarrollar la gimnasia de combate con bayoneta mientras que otro iba al baño y abría el grifo de todas las duchas, mientras que la llave principal se encontraba cerrada.

No vamos a entrar en detalle sobre las medidas disciplinarias impuestas a los bromistas… Pero hay quienes aseguran que siguen viendo las sombras y que no son los muñecos de la gimnasia con bayoneta.

De ahí se bajó el diablo…

(Lee el artículo completo:  http://flotilla-aerea.com/2019/06/21/de-ahi-se-bajo-el-diablo/)

Imagen 4. Zona del parqueo techado posterior a su reparación, 20JUL2011 (B7).

Solamente voy a decir que todo ocurrió en una tarde, durante los meses de invierno en que los días comienzan a ser más cortos y las noches más largas, hace más de diez años.  Éramos tres personas, las que platicábamos de una forma bastante amena. Repentinamente y sin razón dejamos de hablar para dedicarnos a observar que un helicóptero Bell 412 finalizaba un vuelo de instrucción y se disponía a maniobrar a la posición en donde aterrizaría a apagaría motores. En un abrir y cerrar de ojos pudimos apreciar un movimiento inusual de personal: por un lado, vimos correr a dos enfermeros, por otro lado un supervisor avanzaba a paso veloz hacia el señalero del helicóptero (quien al final les dio instrucciones a los pilotos de no apagar la aeronave) y por último un vehículo de emergencias que ingresaba a la rampa.

No podría decir a ciencia cierta cuando comenzamos a caminar detrás del automotor de emergencia, lo que sí puedo decir, es que nunca antes había visto lo que estábamos a punto de presenciar.  Dentro del vehículo se encontraba un adolescente, con un sonrojamiento de su piel y sus ojos, asimismo una sudoración excesiva en todo el cuerpo, al mismo tiempo que tres adultos trataban de contener los movimientos casi compulsivos en todas sus extremidades.  Hizo falta nuestra ayuda, para poder trasladarlo del vehículo hacia el helicóptero, estando muy atento uno de los enfermeros para que no se fuera a ahogar con su propia lengua.  No voy a repetir lo que el muchacho gritaba cada vez que podía, aunque estoy seguro que solamente he escuchado frases similares en un par de películas de terror.

Una vez asegurado, el crew chief del helicóptero hizo el conteo del personal a bordo, los organizó de tal manera de no afectar el peso y balance y ordenó el cierre de las compuertas para iniciar el viaje hacia el hospital, con nueve almas a bordo.

Después de la conmoción inicial, nos quedamos en la rampa hasta después del crepúsculo náutico, esperando el retorno del helicóptero y sus ocupantes.  Ya entrada la noche, supimos que durante el vuelo, el comportamiento del joven fue igual al que mostró antes de abordar, pero que una vez en tierra (sobre el helipad del hospital) no hubo necesidad de sujetarlo, que ya repentinamente se calmó y permaneció en silencio; asimismo que una vez ingresado al nosocomio se encontró estable y sosiego a la espera de sus familiares.  La sorpresa fue que cuando la aeronave despegó, para retornar a su base, algunas láminas del paqueo techado colapsaron, dañando el capó de un vehículo estacionado. Dada la condición en la que el joven había sido transportado (y que era del conocimiento del personal médico que lo esperaba), no falto más de un testigo en tierra que proporcionara una conjetura sobrenatural que explicara la causa del daño: “Se escuchó un ruido muy fuerte y el diablo saltó del helicóptero cayendo en ese lugar,”; rumor que corrió como agua derramada y que hizo que más de una persona visitara la capilla esa misma noche.

Con respecto al muchacho, pues se determinó que estaba pasando por un período de depresión provocado por problemas en su hogar y dificultades propias de la adolescencia sumado a que no tenía tratamiento sicológico alguno, lo que desarrolló un tipo de esquizofrenia, delirio místico o algo por el estilo, diagnóstico que se mantiene con la reserva del caso.

La niña, el avión y el perro…

Imagen 5. C-123K de noche, AGO2013 (B7).

 El C-123K, FAS 122 (s/n 20259) indicativo “Bronce” es una aeronave que cuenta con una fascinante historia, siendo el avión VIP apodado “White Whale” del General Westmoreland (US ARMY) en la Guerra de Vietnam, llegó a la FAS en marzo de 1984.  (Te puede interesar el siguiente link http://vc-123.org/Home_Page.html).

Este veterano de los cielos, ahora testigo del diario vivir en MSSS también logró tener su puesto en este relato.

Este caso ya ha causado bastante revuelo en la mente de más de un incauto… Se corrió la voz que durante las noches sin luna, cuando el viento frio sopla de manera tenue, no es recomendable dirigir la mirada hacia el “Bronce 122”  debido a que algunas veces puede observarse por el tren de aterrizaje, en la rampa de carga o sobre sus alas, la silueta de una niña descalza, vestida de blanco y que aparenta tener unos 10 años; No hay que correr y si se comete el error de verla, es mejor NO apartar la vista… Puesto que en un abrir y cerrar de ojos aparecerá unos pasos frente a ti. Después de esto no se sabe que pasa, todos aquellos a quienes les ha salido en su camino han causado baja y no se les ha vuelto a ver en el aeropuerto.  El relato de la niña poco a poco dejó de ser escuchado con la llegada de un visitante: un perro, fue llamado “Correctivo”;  llegaba todas noches al CIMA, nunca entraba a los edificios,  permanecía vigilante siempre viendo en dirección al “White Whale” empezando a ladrar todas las madrugadas a eso de las 03:33 horas.  Al amanecer, siempre se retiraba en dirección a los hangares sur.

Se determinó que este caso es el más reciente, debido a que el C-123K tiene más o menos unos 10 años de permanecer al costado suroeste de la torre de control de Ilopango y que la historia de la “niña” es la copia de un relato similar que supuestamente ocurre en la Escuela Militar, en Antiguo Cuscatlán.  Pero por si acaso, es mejor tener precaución, ya que esta será una noche fría y no habrá luna!

La antigua terminal…

Imagen 6. Nueva terminal de Ilopango 1964 (Autor desconocido).

Es de todos conocido que un edificio antiguo tiende a guardar sonidos y muchas veces esto va a depender de la configuración de su estructura, materiales utilizados y las condiciones ambiéntales que lo afectan directamente.

En 1964 fue inaugurada la ampliación del aeropuerto de Ilopango, obra que incluyó la nueva pista 33, la instalación del VOR YSV, mejoras en el edificio ahora ocupado por el Museo de Aviación y el nuevo edificio que albergaría el salón de las aerolíneas y oficinas administrativas.  Con la puesta en funcionamiento del Aeropuerto Internacional El Salvador en 1980, estas instalaciones empezaron a ser administradas por la Fuerza Aérea, siendo a partir del año 1987 que el CIMA las ocupó de lleno, acondicionando su interior para albergar a los alumnos de tres escuelas.

Este edificio cuenta ya con 55 años de antigüedad, ha soportado cuatro terremotos y la vida cotidiana con el ir y venir cientos de alumnos por más de 30 años… Este edificio guarda muchísimos sonidos.  Los más fáciles de explicar son los crujidos del aluminio de sus ventanales al cambiar la temperatura ambiente, tanto en la mañana como en la noche.  Igualmente es fácilmente explicable la resonancia de las ventanas al ser afectadas por las vibraciones de los helicópteros de la FAS, aunque no estén tan cerca como para ser escuchados.  Lo que no hemos podido explicar, es por qué, cuando el edificio está vacío (fin de semana y días de vacación) al estar dentro de sus oficinas en ciertas ocasiones se puede escuchar el tropel en su pasillo superior, sonido de igual magnitud como cuando 200 alumnos de bachillerato técnico salen corriendo a receso.  Con tal sorpresa, al revisar las instalaciones y las cámaras de seguridad, de que no hay nadie más que el personal de servicio.  Poco a poco uno se acostumbra a esta peculiaridad del edificio, una estructura antigua que guarda sonidos, una edificación que guarda mucha historia.

* * *

Obviamente existen muchos relatos más, no solo en Ilopango, no solo en la Fuerza Aérea.  También hay historias de “apariciones” pero esas las dejaremos de lado, ya que incluyen muchas veces el recuerdo de seres queridos, amigos y compañeros del ambiente aeronáutico.

B7.

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