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Viajeros sin boleto

La historia de la aviación está llena de hazañas, innovaciones y episodios que desafían la imaginación; entre estos últimos se encuentran los casos de los polizones aéreos, individuos que, movidos por la desesperación, curiosidad o audacia, han intentado viajar ocultos en los compartimentos y al interior de la cabina de pasajeros en aviones comerciales. Aunque los casos registrados en el país se remontan a décadas pasadas, representan un capítulo poco conocido pero fascinante dentro de la historia de la aviación nacional.

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El término polizón se deriva de una palabra en desuso del idioma francés: polisson, que puede referirse a un vagabundo o sujeto ocioso que viaja sin un destino concreto. Según la Real Academia Española (RAE), un polizón es toda persona que se traslada clandestinamente en un barco, un avión u otro medio de transporte. En el caso de la aviación, el objetivo del polizón suele ser llegar a otro lugar, sin que esto implique, una interferencia ilícita al vuelo o un acto de terrorismo (te podría interesar: https://flotilla-aerea.com/2020/04/18/7500/).

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Estos eventos no solo reflejan las condiciones sociales y económicas de quienes arriesgaron sus vidas o su libertad de manera tan extrema, sino que también ponen de manifiesto la astucia con la que lograron evadir los dispositivos de seguridad aeroportuaria de la época. Como parte de un esfuerzo continuo por recopilar este y otros hechos relacionados, Flotilla-Aérea ha identificado cinco casos, cada uno con un drama humano único, en los que se involucraron aeronaves que tuvieron como punto de partida el territorio salvadoreño. El primero de ellos se remonta a 1952, cuando la única terminal internacional del país era el Aeropuerto de Ilopango (SAL/MSSS) y la pista principal era la 08-26 (te podría interesar: https://flotilla-aerea.com/2018/04/09/procedimientos-de-la-vieja-escuela/).

“¿Por qué nos regresamos?”

Aproximadamente a las 13:00 horas del lunes 27 de octubre de 1952, un joven intentó viajar como polizón a bordo de un avión Lockheed L-049 “Constellation” de la aerolínea Pan American Airways (PAA). A esa fecha, el vuelo PA501 salía de Ciudad de México (MEX/MMMX) teniendo como destino final el Aeropuerto Internacional de Tocumen (PTY/MPTO), en la capital panameña, haciendo escalas en varias capitales centroamericanas. Tras llegar desde Guatemala a San Salvador, la aeronave se preparaba para continuar su ruta hacia Tegucigalpa.

Félix Lara, un obrero de 24 años en situación de extrema pobreza y desempleo, saltó la valla oeste de la pista 08 del Aeropuerto Internacional de Ilopango, cerca de lo que hoy es la colonia “Las Palmas”.

Imagen 1. Valla oeste del Aeropuerto de Ilopango (IVU-Google Earth vía F/A)

Mientras el avión realizaba las verificaciones previas al despegue, Félix subió y se aferró al amortiguador del tren de aterrizaje principal derecho y a pesar de que la fuerza del viento generada por el motor número tres convirtió en jirones su camisa, logró mantenerse sujeto mientras el avión aceleraba. Durante el chequeo de despegue que verifica de forma visual la completa retracción del tren de aterrizaje, el sobrecargo Joseph Hernández, notó la presencia de una persona aferrada a dicha estructura móvil hasta que lo perdió de vista al cerrarse las compuertas. Inmediatamente, alertó al capitán John W. Strickland, quien decidió abortar el vuelo y realizar un aterrizaje de emergencia, temiendo que el polizón pudiera caer al vacío.

Imagen 2. Captura de simulador de vuelo, Lockheed L-049 con el tren de aterrizaje desplegado (aerofoto HJG Admin)

El capitán desplegó el tren de aterrizaje a una altitud de 300 pies por debajo de los 126 nudos (VLE). Durante la transición a la posición de “abajo y asegurado”, Félix perdió momentáneamente el apoyo de sus pies, pero logró sostenerse con los brazos hasta que el amortiguador quedó en posición vertical, permitiéndole apoyarse nuevamente; momentos después, el “Constellation” aterrizó sin complicaciones en la pista 08. Una vez en la Rampa Internacional, rodeado por personal aeroportuario, las primeras palabras del afortunado polizón fueron: “¿Por qué nos regresamos?”.

Tras ser detenido, Félix explicó que, al no tener dinero, trabajo ni comida, había decidido subirse al avión con la esperanza de que, dondequiera que lo llevara, podría aprender a leer, escribir y quizás algún día convertirse en piloto. Relató que, una vez cerradas las compuertas del tren de aterrizaje, se sintió cómodo y protegido, llegando a decir: “Fue agradable resguardarse del viento”.

Este acto temerario dejó atónitos a los presentes, especialmente a los pilotos, técnicos y personal de la PAA, quienes no podían entender cómo había logrado sobrevivir sin ser aplastado durante la retracción del tren. Tras la conmoción, el “Constellation” continuó su vuelo hacia Tegucigalpa, mientras que Félix, ileso y sin camisa, fue detenido por la Policía de Hacienda; antes de abandonar la terminal aérea exclamó en voz alta: “Volveré a agarrar a ese animal cuando me suelten”.

Imagen 3. Nota internacional del polizón en Ilopango, 1952 (archivos F/A)

“Quiero ver a mi mamá”.

Aproximadamente a las 09:00 horas del jueves 24 de enero de 1974, un niño de 9 años logró burlar la seguridad del aeropuerto de Ilopango utilizando el forro de un viejo boleto avión. Sin llamar la atención, se mezcló entre los pasajeros y abordó una aeronave jet Boeing B-707 de la aerolínea norteamericana PANAM con un solo objetivo: viajar a México para reencontrarse con su mamá.

Sin embargo, su plan fue descubierto cuando ya estaba con el cinturón de seguridad abrochado en el asiento 6A; el hallazgo ocurrió durante el recuento de pasajeros, al notar que había “una persona de más” abordo, una tripulante de cabina intrigada se acercó al niño para preguntarle su nombre y su destino, “me llamo Julio César Mondragón Barrera y voy a México a ver a mi mamá”, respondió con naturalidad, mostrando el forro del boleto como si fuera un pasaje válido. Inmediatamente y sin escándalo el niño fue bajado del avión y entregado a la Policía de Hacienda.

Imagen 4. Boeing B-707 de PANAM en Ilopango c.1977 (Federico Ernesto Anliker Palomo)

Durante el interrogatorio en las oficinas aeroportuarias, Julio César mantuvo la calma y repitió su motivo: “Solo quiero ver a mi mamá, hace mucho que no la veo y la extraño demasiado”. Con una serenidad impropia de su edad, el pequeño explicó que había actuado “por amor a su madre ausente”, puesto que tenía meses que no verla y que su papá ya se había acompañado de otra mujer, por lo que en su desesperación decidió arriesgarse.

Su hazaña, calificada como una “travesura” por las autoridades, desencadenó un operativo que involucró a los empleados de la terminal, de las aerolíneas y las tripulaciones en salida. Todos quedaron asombrados al descubrir cómo el niño había sorteado los controles de seguridad, mostrando el envoltorio de un viejo boleto mientras se confundía entre los pasajeros y tomaba asiento junto a la ventana del lado izquierdo en el avión del vuelo PA502 con destino a México, haciendo escala en Guatemala.

En horas de la tarde, la Policía de Hacienda logró identificar al papá y Julio César fue trasladado a su hogar en el barrio Santa Anita de San Salvador. Sin embargo, la historia no terminó ahí; la noticia de su aventura conmovió a muchos y para el lunes 28 de enero, la aerolínea nicaragüense LANICA donó dos boletos aéreos para que el pequeño pudiera viajar a México una vez que se localizara a su madre.

Imagen 5. Descubrimiento del niño polizón (EDH)

“No llevaba un chicle, tan siquiera”.

Un viaje de 24 horas hacia los Estados Unidos realizó Luis Alonso Rosales, un joven de 21 años originario de Ciudad Delgado, conocido por el sobrenombre de “Larre”. Su aventura inició alrededor de las 17:00 horas del viernes 07 de febrero de 1975, tras burlar la vigilancia del aeropuerto de Ilopango, se escondió en un jet ejecutivo (vuelo chárter) que había aterrizado pasado el mediodía en de aeropuerto de Ilopango, transportando a una delegación de empresarios norteamericanos durante los preparativos del “congreso mundial de productores de café” a realizarse en San Salvador. A su llegada en horas de la noche a Houston, Texas, el polizón fue detenido por elementos de seguridad del aeropuerto tras levantar sospechas por su aspecto: una sucia camisa verde, pantalones más sucios que la camisa, comportamiento desorientado y para colmo ¡descalzo! Además, no entendía ni hablaba inglés.

Un delegado de la oficina de migración, de origen latino, se encargó de interrogar a Luis, quien confesó que sin llevar nada en los bolsillos, había entrado por una de las oficinas del aeropuerto en San Salvador, cruzó un par puertas, caminó hasta el lugar donde estaba estacionado el jet, subió por la escalera trasera y al no ver a nadie en el interior, se acomodó en un compartimento para ropa, donde esperó a que el avión despegara y lo llevara hacia tierras desconocidas.

Imagen 6. Referencia no contemporánea, escalera trasera de una aeronave BAC 1-11 ejecutivo (Getty Images)

Luis continuó con su relato señalando que una vez en tierra, desconociendo que estaba en Houston, tomó una pequeña maleta sin que nadie lo notara y salió del avión sin dificultad, pero que al ingresar a la terminal de pasajeros optó por dejar el equipaje atrás y comenzó a caminar sin rumbo, completamente perdido.

El oficial de migración no pudo ocultar una mezcla de sentimientos entre asombro, incredulidad y risa cuando Luis le contó que muchas personas lo miraban de pies a cabeza y que en ese momento pensó: “La fregada, aquí no hay descalzos”.

El polizón pasó la noche en una estación de policía, donde pudo cenar, descansar y desayunar al día siguiente. Por la tarde, abordó el mismo jet en el que había viajado el día anterior, ya que este regresaba al aeropuerto de Ilopango para recoger a la delegación norteamericana, pero el viaje de regreso no lo hizo en el closet, junto a la ropa. El avión aterrizó alrededor de las 17:45 horas del sábado 08 de febrero en la pista 15 del aeropuerto de Ilopango.

Imagen 7. Vuelo a Houston (EDH)

El retorno de Luis Rosales causó expectativa entre los empleados del aeropuerto y quienes se enteraron de su viaje fraudulento. Al no portar documentos, fue llevado a la Sección de Investigaciones Criminales (SIC) de la Policía de Hacienda para determinar su identidad. Finalmente, “Larre” fue puesto en libertad cuatro días después, ya que no se presentaron cargos en su contra. Durante la investigación, se descubrió que padecía un tipo de enajenación mental, que había estado internado dos veces en el Hospital Psiquiátrico y aunque anteriormente había intentado viajar a pie a Guatemala, esta era la primera vez que cometía una travesura de tal magnitud.

“No hay espacio en el BAC 1-11”

Desde la república de Guatemala llegó la noticia de que, alrededor de las 10:00 horas del martes 04 de marzo de 1975, un testigo había visto caer lo que parecía ser un cuerpo humano desde un avión, justo en el momento en que extendía el tren de aterrizaje durante la aproximación a la pista 20 del Aeropuerto Internacional “La Aurora” (MGGT/GUA).

Imagen 8. Lugar de la caída del polizón (F/A)

Efectivamente, se trataba de un polizón que falleció al caer desde una aeronave sobre la población de Chinautla, ubicada a unas 6 millas náuticas al norte del aeropuerto. Esta persona aparentemente viajaba escondida en el compartimento del tren de aterrizaje, y cayó al vacío cuando este fue extendido durante la maniobra de aterrizaje, perdiendo la vida de manera instantánea con el impacto.

Dada la falta de aplicaciones y medios de comunicación con los que se cuenta en la actualidad, las autoridades inicialmente especularon que el polizón podría ser salvadoreño, ya que la última aeronave en aterrizar en MGGT había sido un jet de pasajeros BAC 1-11 de la aerolínea TACA INTERNATIONAL (te podría interesar: https://flotilla-aerea.com/2020/08/01/taca-bac-one-eleven/), cubriendo la ruta desde El Salvador hacia México con escala en Guatemala (vuelo TA210). Se presumía que la persona había abordado el avión en el Aeropuerto de Ilopango. Sin embargo, surgieron dudas cuando los técnicos en mantenimiento aseguraron que las bahías del tren de aterrizaje de un BAC 1-11 no tenían suficiente espacio para albergar a una persona y menos a un adulto.

Imagen 9. Compartimento del tren de aterrizaje de un BAC 1-11 (Flyoverfred)

Para el jueves 6 de marzo, las investigaciones habían avanzado y se logró identificar al polizón fallecido como Walter René Coronado, un ciudadano guatemalteco originario de San lucas Sacatepéquez. Además, considerando las irrefutables pruebas de la falta de espacio para que una persona pueda esconderse en los compartimentos del tren de aterrizaje de una aeronave BAC 1-11, se descartó que hubiera caído desde el avión de TACA, por lo que las autoridades continuaron revisando los registros aeroportuarios para determinar desde qué aeronave había caído.

Imagen 10. Nacionalidad del polizón fallecido (EDH)

“No me lleven a la casa”

José Alberto Ramos, un menor de 12 años, intentó viajar como polizón el sábado 03 de septiembre de 1977 a bordo de un avión BAC 1-11 de la aerolínea TACA INTERNATIONAL, que cubría la ruta entre San Salvador y Managua (vuelo TA311). Sin embargo, el pequeño fue descubierto al interior de la aeronave minutos antes de que esta despegara, gracias al procedimiento de conteo de pasajeros realizado por el personal de tripulantes de cabina. Al momento de bajar del jet, el muchacho llevaba consigo únicamente una bolsa plástica con algunas prendas de ropa, lo que reflejaba la desesperación y precariedad de su situación.

Imagen 11. BAC 1-11 en Ilopango c.1975 (Unk)

Al ser interrogado, José Alberto confesó que su intención era escapar del constante maltrato que sufría por parte de sus padres, quienes incluso lo dejaban dormir fuera de la casa. Con lágrimas en los ojos, insistió a los agentes de aduanas que no lo devolvieran a su hogar, argumentando que no quería regresar a ese entorno.

El menor quedó bajo custodia de la Policía de Aduanas mientras las autoridades investigaran las condiciones en su hogar y evaluar la conveniencia de reintegrarlo a su familia o derivarlo a un centro de protección, donde al menos pudiera encontrar resguardo temporal.

Imagen 12. Detención de menor en aeropuerto (LPG)

Los casos de polizones salvadoreños, aunque escasos, dejan al descubierto historias marcadas por realidades sociales complejas: pobreza, falta de oportunidades, desesperación y en algunos casos, trastornos mentales. Cada uno de estos relatos no solo es un testimonio de valentía o imprudencia, sino también una ventana a las circunstancias que llevan a alguien a arriesgar todo, incluso la vida, por la posibilidad de un cambio.

En definitiva, los polizones salvadoreños no son solo protagonistas de anécdotas sorprendentes; son también un reflejo de las historias no contadas que ocurren en los márgenes de la sociedad, donde la necesidad supera al miedo y la esperanza desafía a la lógica.

Artículo elaborado por Flotilla-Aérea vía Mario A._

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