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El paso del azacuán.

Desde los inicios de la aviación y a través de los años el ser humano ha dirigido su mirada al cielo para observar con asombro el vuelo de las aeronaves, olvidando muchas veces la cantidad de sucesos extraordinarios que han estado presentes en ese medio desde miles de años atrás, en la naturaleza.

Entre todos estos maravillosos eventos, el mundo animal ofrece un variado menú de espectáculos, algunos bastante simples y otros de mayor complejidad, que son el deleite para las personas que tienen la costumbre de alzar su mirada más allá de las copas de los árboles y que lastimosamente pasan desapercibidos para la mayoría de la población, ya sea por desinterés o por el ritmo mismo de la rutina diaria.

Uno de tantos acontecimientos del reino animal que pueden ser observados desde nuestro país son los viajes estacionales regulares (de norte a sur y viceversa) de grandes parvadas de aves, comúnmente llamadas azacuanes.

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Imagen 1. Azacuanes (Carl Christian Tofte)

Azacuán, nombre derivado del vocablo náhuatl “Atzacuas” que significa: El que trae el agua / Lugar del reservorio de agua.  Este nombre les fue dado a estas aves por nuestros antepasados, debido a que su paso por el cielo de la región anunciaba el cambio de estación (verano a invierno y viceversa).  El término Azacuán incluye al menos 15 especies de aves migratorias, siendo tres las predominantes:

– El Buteo Swainsoni, llamado busardo chapulinero, gavilán langostero, gavilán de Swainson o aguilucho langostero.

– Buteo platypterus, conocido también como águila aliancha o gavilán aliancho.

– Cathartes Aura llamado comúnmente buitre americano cabecirrojo, zopilote de cabeza roja o simplemente zope.

Todas son aves propias del continente americano y se caracterizan por poseer un pico ganchudo, grande y fuerte, alas anchas y largas; asimismo están provistas de patas y poderosas garras más un excelente sentido de la visión que les permite localizar presas a gran distancia.  Las dos primeras son especies de la familia Accipitriforme (aves rapaces diurnas), miden entre 35 y 56 centímetros de longitud, hasta 1.37 metros de envergadura alar y un peso aproximado de entre media a 3.7 libras.  En temporada reproductiva se alimentan principalmente de pequeños mamíferos y en temporada no reproductiva se alimentan esencialmente de insectos.

La última pertenece a la familia Cathartiformes (aves carroñeras), llegan a medir hasta 81 centímetros de longitud y 1.83 metros de envergadura, alcanzando un peso máximo de 5.3 libras, su fuente de alimento es casi exclusivamente la carroña.

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El ciclo de vida de las aves migratorias está basado en el máximo aprovechamiento de los recursos en los lugares donde éstos abundan, en función de los cambios de estaciones climáticas en todo el continente; en el caso de los azacuanes, éstos realizan dos movimientos migratorios cada año, justo cuando las condiciones del tiempo comienzan a cambiar: 

– Entre los meses de octubre y noviembre, al inicio de la estación seca en nuestro país (otoño en Norteamérica), inmensas parvadas vuelan hacia el sur.

– Entre los meses de abril y mayo, al inicio de la estación lluviosa en nuestro país (primavera en Norteamérica), grandes grupos de aves vuelan hacia el norte.

La llegada del invierno en un hemisferio, implica una drástica disminución de la temperatura, mucha lluvia o nieve, la vegetación pierde sus hojas por lo que  disminuyen los insectos, flores y frutos.  Por el contrario en el otro extremo del continente, el alimento está disponible en grandes cantidades y el clima permite la reproducción y cuidado de los pichones hasta que alcancen las condiciones para emprender el viaje de regreso cuando el clima vuelva a cambiar.

Imagen 2. Movimiento migratorio de los Azacuanes (infografía EDH)

Recorren entre 10,000 a 12,000 kilómetros en aproximadamente dos meses desde Norteamérica hasta Sudamérica (llegando a veces hasta la Patagonia).  Durante las migraciones estas aves baten sus alas lo menos posible a fin de ahorrar energía.  Buscan las columnas de aire caliente (corrientes térmicas), las cuales les permiten ganar altura al volar en círculos dentro de ellas con las alas extendidas, posteriormente de deslizan horizontalmente (como un planeador) cuando pierden altura vuelven a localizar otra corriente de aire caliente en ascenso para elevarse de nuevo y continuar con su desplazamiento.

Imagen 3. Corrientes térmicas (ecología y medio ambiente)

Durante su largo trayecto solamente se detienen para alimentarse y descansar.  Suelen verse desplazándose al norte de la capital entre Suchitoto y Aguilares, en Chalatenango, en la cadena montañosa central (pasando por San Salvador) y en la zona costera cerca del Aeropuerto Internacional; suelen reponer sus energías en los cafetales y en los humedales del lago artificial de Suchitlán y la zona costera.

Desde el año 2005 se han contabilizado un promedio de 350,000 azacuanes que cruzan nuestro territorio cada año.

Imagen 4. Zonas de observación de Azacuanes (Infografía EDH)

No está de más recalcar el peligro que representa la migración de estas aves a la navegación aérea, especialmente por el daño que puede causar en una aeronave el impacto con uno o varios especímenes de pájaros, quienes simplemente efectúan este viaje como parte de su ciclo de vida, hace como lo han hecho por miles de años.

Video. Parvada de azacuanes (F/A).

Estas aves eligen la altitud de vuelo dependiendo de donde encuentren las mejores condiciones del viento, las cuales van a variar de acuerdo a la hora del día, las características del terreno y el clima.  En nuestro país, los Azacuanes cruzan el cielo entre los 1,500 a 5,000 pies AGL, motivo por el cual, el personal de la torre de control y estaciones aeronáuticas, deben informar sobre la posición, dirección y altitud de vuelo de las aves cuando la información sea conocida; También es útil que los pilotos informen por la radio al encontrase con una parvada de Azacuanes en su trayectoria de vuelo._  

Artículo elaborado por Flotilla-Aérea vía Mario A.

Fuentes consultadas:

www.snet.gob.sv

www.marn.gob.sv

– Los Azacuanes en El Salvador – Geovanni García – Revista BIOMA año I – Nº1, El Salvador, NOV2012.

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